Desde niño padece una enfermedad incurable, sabe que un día no muy lejano la muerte lo sorprenderá inevitablemente. Gabriel asume con dignidad su destino y decide que si no lo puede cambiar, tratará de vivir intensamente cada momento y le ganará tiempo al tiempo haciendo lo que más le gusta, que son el arte y la restauración. Tiene el firme propósito de dejar huella de su legado e incluso dejarlo a alguien para que continúe, es por ello que decide dar clases a jóvenes comprometidos con el arte en todas sus gamas. Es precisamente en Real del Monte, en donde al restaurar el altar de la iglesia, encuentra a Paloma. Él ve algo en ella pero no sabe cómo romper el caparazón que tiene, el cual no le permite liberar sus sentimientos y plasmarlos en la pintura.